Los cuatro jinetes se arrodillaron frente a su Señor. El altísimo hiso un gesto con la mano y éstos se pusieron de pie. Muerte fue quién rompió el silencio.
- Temo decirle señor que hemos fallado rotundamente – si su esquelética cara hubiera podido mostrar alguna emoción, decepción hubiera sido la elegida. – Llegamos en nuestros corceles, en medio de un eclipse blandiendo nuestras armas y gritando a los cuatro vientos los portentos del fin del mundo.